Italia ha sido el primer Estado en multar por la obsolescencia programada pero ¿cuánto podrían durar los móviles de no ser por ella?

La obsolescencia programada podría tener los días contados. Cada vez son más las instituciones que la señalan y la condenan, no solo por el impacto medioambiental que tiene que los teléfonos móviles y casi cualquier aparato electrónico tengan que renovarse constantemente porque se ralentizan o dejan de estar actualizados, sino porque la obsolescencia programada es considerada por muchos como una estafa para los consumidores.

La Autoridad italiana encargada de la competencia, la AGCM, multó el pasado mes a Samsung y Apple al considerar que, al “obligar” a sus usuarios a actualizar el software de sus móviles, habían llevado a cabo una práctica comercial “injusta” y causado “graves disfunciones” en el funcionamiento de los terminales.

Entendemos por obsolescencia programada las distintas técnicas llevadas a cabo por grandes empresas tecnológicas para que la vida de los aparatos electrónicos se acorte, con el fin de que los usuarios tengan que comprar productos nuevos. Apple fue una de las primeras en reconocer que con las actualizaciones de software ralentizaba los iPhones más antiguos.

Normalmente, en el caso de los teléfonos móviles, los dispositivos deben renovarse cada 24 meses, si no antes, porque se ralentizan o pierden mucha batería. Precisamente, 2 años es el período de la mayoría de garantías de smartphones. Sin embargo, según datos de MarketWatch, los consumidores lo renuevan cada 15 meses de media.

¿Cuánto durarían los teléfonos móviles sin obsolescencia programada?

Benito Muros, presidente de la fundación Energía e Innovación Sostenible sin Obsolescencia Programada, señala que estas técnicas tienen un impacto muy negativo tanto a nivel medioambiental como social, ya que se genera mucha más “basura electrónica” y “se fomenta la desigualdad” al acumular la riqueza en poder de las grandes empresas.

Del mismo modo, Benito Muros apunta que un smartphone podría durar “de 10 a 12 años” en cuanto a mecánica y electrónica si no existiese la obsolescencia programada, mientras que, por lo que respecta al software, la vida útil se podría reducir a unos “6 a 8 años”.

Sin embargo, desde el punto de vista técnico, el desarrollo avanzado de nuevas prestaciones y tecnologías en los smartphones podría estar detrás de su ciclo de vida cada vez más corto: hay otros expertos que señalan que las memorias de los teléfonos actuales se degradan más porque llevan a cabo muchas más tareas que los teléfonos antiguos.

Según esta corriente, lo que sucede es que la capacidad de procesamiento de las memorias no evoluciona tanto como las prestaciones que se van añadiendo a los teléfonos. Sin embargo, las grandes compañías como Apple y Samsung sí que avanzan en este aspecto y aseguran que el teléfono “soporte” actualizaciones por un período de tiempo que, se intenta, sea cada vez mayor.

La obsolescencia programada, un gran problema medioambiental

Mientras se consigue que los teléfonos móviles alcancen una vida útil en cuanto a software y batería que se iguale a la de su capacidad mecánica y electrónica, el desecho constante de dispositivos altamente contaminantes tiene un impacto muy negativo en el medio ambiente.

La ONU apunta que en todo el mundo se generan en torno a 50 millones de toneladas de residuos electrónicos en un año, que suelen ir a parar a vertederos de África y Asia.

Además de la producción de basura una vez se desechan los terminales, habría que sumar la gran cantidad de emisiones de CO2 y el gasto en minerales relacionados con la producción de nuevos terminales.

Por todo ello, cabe esperar que las instituciones de más países se sumen a la presión a las grandes tecnológicas para que las innovaciones de los teléfonos móviles también incluyan una gestión más responsable de los terminales a lo largo del tiempo.