Alicante se erige como punto neurálgico para empresas relacionadas con la innovación tecnológica.

La presencia cada vez mayor de start-ups y proyectos emprendedores en Alicante funciona como un imán para las empresas más punteras en el ámbito de las nuevas tecnologías. Existen numerosos factores que refuerzan la posición de Alicante como centro de alta concentración de emprendedores y empresas tecnológicas, como el alto nivel de calidad de vida, la competitividad de los precios de la ciudad, o incluso el Brexit británico.

Alicante cuenta con importantes centros empresariales desde hace años, pero ha sido recientemente cuando hemos visto aterrizar varias compañías internacionales relacionadas con el mundo digital y la innovación. A principios de este año, la start-up finesa Fun Academy, conocida internacionalmente por el éxito de su videojuego Angry Birds, creó una filial española e instaló unas oficinas en Maisonnave, la “milla de oro” de Alicante.

Este anuncio llegó después de que Ximo Puig, presidente de la Comunidad Valenciana, viajase a Finlandia para promocionar el Distrito Digital alicantino. Desde esa fecha hemos sido testigos de la llegada de otras importantes empresas de corte tecnológico, como Indra o Accenture, que confirmó el inicio de su andadura en Alicante con 250 empleos. Muchas otras empresas tecnológicas y start-ups, sobre todo de Europa, ven Alicante como un emplazamiento ideal en el continente.

La capital alicantina se postula como una atractiva alternativa a las grandes ciudades porque cuenta con unos costes mucho más competitivos para las empresas internacionales. El Distrito Digital, con incentivos de hasta 40.000 euros por empresa para “generar riqueza y empleo en el ámbito de las nuevas tecnologías, fomentando así el necesario desarrollo de la economía digital” según la Generalitat, es solo uno de los motivos.

Alicante, por su clima e infraestructuras, es muy atractiva a nivel turístico, con multitud de conexiones por avión y tren. Encontramos una calidad de vida alta a unos precios más razonables que en otros importantes centros empresariales europeos, como Dublín o Helsinki, donde los costes inmobiliarios son infinitamente más elevados por la saturación de empresas. Las ciudades británicas, además, han reducido su poder de atracción de forma considerable desde el anuncio del Brexit. Es el caso de Bristol, ciudad costera del sur de Inglaterra que, al igual que Alicante, es un importante núcleo turístico además de empresarial.