Que el fenómeno influencer estaba tocando fondo era algo que se veía venir desde mitad de la década del 2010.

Hoy, ya en 2019, muchas empresas de marketing y publicidad han prescindido de los servicios de los llamados influencer de grado medio por cierta desconfianza: aquellos con una abultada presencia de seguidores en sus redes sociales que, sin embargo, no eran capaces de atraer adecuadamente a clientes para las marcas que representaban.

La razón: la falta de credibilidad. Este gremio, ejemplo de boom similar al del inmueble, había experimentado un aumento inversamente proporcional a la calidad de sus objetivos, en definitiva, influir sobre los potenciales compradores.

De hecho, los escándalos sobre la la compra de likes y seguidores falsos por parte de estos “comerciales” de marca había tocado extremos sonrojantes. Fue el caso de Ariana Renee (Miami), quien no logró vender 36 camisetas de una línea de moda propia, disponiendo en sus perfiles sociales de (nada más) que de 2,6 millones de seguidores.

Muchos analistas no echan la culpa a los influencers, sino a los empresarios que, seducidos por las cifras, no analizan con rigor el impacto, alcance, calidad de las publicaciones o número real de followers tras sus perfiles de sus representantes de marca.

Por todo esto, algunas voces hablan ya del final del marketing de influencers tal y como lo conocemos. La agencia de influencers nos explica que el sector se verá reducido solo a los macroinfluencers y los microinfluencers. Aquellos que de forma muy específica sean mensajeros directos de una marca, tendencia o producto, dada su fenomenal fama, y los que, por contra, influyan en el día a día de los compradores por afinidad natural sin necesidad de ser excepcionalmente populares.

¿Por qué ha fracasado el modelo influencer?

Una explicación razonable podría ser que este tipo de comerciales de marca solo pueden vender bien un producto si conocen el mercado en el que se van a mover. No obstante, la mayoría de los ellos desconocen estas reglas del juego y naufragan en una fe ciega sobre su propia imagen.

Esto explicaría la confusión que se ha dado a lo largo de los años entre publicidad y marketing de influencia. La primera se basa en estrategias definidas y la segunda en un efecto deseo que, en los últimos tiempos, se ha manifestado casi como un espejismo.

De este modo, la decisión de dejar una potente inversión de publicidad en una corazonada, parece un riesgo inasumible para quienes deberían basar el éxito de sus negocios en fórmulas rigurosas de análisis y resultados.

Más cambios en el marketing digital para el año 2020

La privacidad y el respeto a los datos personales. Durante el último tramo de la década de 2010, han sido muy notorios los desbarres legales de algunas empresas de comunicación  con relación al mercadeo de datos personales (Facebook fue condenada a pagar más de 5000 millones de dólares en una multa tan notoria como ejemplar).

La sensación de “vender el alma al diablo” con cada lead, comunicación o entrega de datos a un ecommerce, web o blog, ha alcanzado un punto delicado, casi paranoico, para el consumidor.

Es por esto que, para 2020, se prevé un comportamiento mucho más restrictivo y un endurecimiento lógico de las leyes de protección de datos, como ha sido el caso de los avisos de cookies y privacidad en todas las webs (Ley Orgánica 3/2018, de 5 de diciembre, de protección de Datos y garantía de los derechos digitales).

SEO para las búsquedas de voz

Las técnicas de SEO evolucionan a una velocidad tan apabullante que sus profesionales apenas tienen tiempo de aplicarlas. 2020 será el año en que las búsquedas de voz tengan una especial trascendencia en los posicionamientos, publicidad y estrategias de marketing digital de todas las agencias del gremio, por encima, incluso, del posicionamiento en buscadores tradicional a base de palabras clave.

La experiencia de usuario en la cabeza del tótem publicitario

Otra de las técnicas que parece estar llegando a su fin, y que ha sido un “clásico” de la década del 2010, es la publicidad invasiva: molestos pop up, pantallas emergentes, llamadas publicitarias incómodas…

Se trata de procedimientos cada vez más en desuso, por sus pobres resultados y por los efectos negativos de su implementación en estrategias de marketing mediocres: la experiencia de usuario es el nuevo tótem de la fertilidad.

Así pues, 2020 se caracterizará por un cuidado pulcro hacia todo lo que tenga que ver con la comodidad, usabilidad y el llamado lead nutruning.

Opiniones de los usuarios (microinfluencers)

Del mismo modo que los influencers desaparecen de la foto para la nueva década, los usuarios (paladines altruistas de marca), también.

Los comentarios sobre productos o servicios, cada día más manipulados por algunas agencias de marketing, comienzan a dejar de ser un elemento interesante en las estrategias de venta en favor del inbound marketing: publicidad no invasiva y contenidos adecuados en cada fase de compra. Y, de nuevo, la experiencia de usuario.

Por otra parte, son los propios clientes quienes han dejado de querer «trabajar» para empresas y marcas a través de sus recomendaciones; un bocado demasiado sabroso como para entregarlo sin recibir nada a cambio…

Vivimos tiempos de fuertes cambios en todos los sectores sociales e Internet no es una excepción. La red, que fue engendrada durante la Guerra Fría en 1947, nació en 1983 en EEUU y comenzó su homérico viaje bajo el nombre de World Wide Web a mitad de los ´90, aún no ha hecho más que comenzar. Visto así, en plano cenital, la evolución de Internet no es aún más que un instante en la memoria del tiempo. Es por eso, algún día, recordaremos que llegamos donde llegamos gracias a todo lo que tuvimos que dejar atrás…